Este tema lo escribí hace mucho tiempo (21 de julio 2015) dirigida como un mensaje especial intentando ayudar a reflexionar para un cambio de dirección, lamentablemente no obtuvo el resultado que me había propuesto porque nunca pudo romper el ciclo de la toxicidad.

El escrito se trataba sobre las madres tóxicas, no obstante, cabe aclarar también que hay padres tóxicos y abuelos tóxicos. Pilares en la educación de los niños que lejos de fomentar una madurez personal y una seguridad con la cual, poder abrirse posteriormente al mundo, no hacen más que anclar pesadas cadenas vetando por completo la independencia física y emocional de esa persona.

Ahora bien, cabe decir que el rol de la madre tiene casi siempre, un peso más intenso en la educación de los niños. Es ella quien establece ese vínculo de cuidado y afecto tan estrecho con ese recién nacido, que día a día, irá desprendiéndose de sus brazos para avanzar con seguridad por el mundo sabiéndose amada, teniendo siempre ese referente que le ha aportado un amor incondicional pero saludable, con el que madurar de modo inteligente.

Las madres tóxicas ofrecen un amor a sus hijos hostigante a la vez que inmaduro. Proyectan sobre ellos sus inseguridades para reafirmarse personalmente, y así, tener mayor control sobre sus vidas y sobre la de sus hijos - una verdad incuestionable -

Yo me pregunto: ¿Qué hay detrás de la personalidad de las madres tóxicas? 

Puede que nos llame la atención, pero detrás del comportamiento de una madre tóxica, está el amor. Ahora bien, todos sabemos que, a la hora de hablar del amor, existen dos caras de una misma moneda: está esa dimensión capaz de propiciar el crecimiento personal de la persona, ya sea a nivel de pareja o a nivel familiar, y a su vez, está también ese lado más tóxico donde se ejerce un amor egoísta e interesado, a veces hasta asfixiante, que puede ser completamente destructivo.

Lo preocupante, es que los familiares que despliegan las artimañas de la toxicidad, lo hacen hacia personas adultas y con baja estima personal y en criaturas que están en pleno proceso de maduración personal, es ahí donde debe asentarse su personalidad, su autoestima… Todo ello, irá esculpiendo en ellos grandes vacíos, grandes inseguridades en ocasiones insalvables.

Las madres o padres tóxicos, en ocasiones, suele esconderse una clara falta de autoestima autosuficiencia que les obliga a ver en sus hijas o hijos “esa tabla de salvación” a la cual modelar y controlar para tener siempre a su lado, para que cubran sus carencias esta es una verdad incuestionable.

El ver por ejemplo que sus hijas o hijos empiezan a ser autónomos, que ya no las necesitan tanto y que poco a poco son capaces de hacer su vida, supone para ellas una gran ansiedad, puesto que temen ante todo quedarse solas. De ahí que sean capaces de desplegar “hábiles artimañas”, para seguir teniéndoles cerca e incluso justificarles que debe ser así, y un modo de hacerlo es proyectando en la niña o niño desde el inicio su misma falta de autoestima, y su misma inseguridad.

La necesidad por tener controlado cada aspecto de sus vidas, hace que acaben haciendo lo mismo en la vida de sus hijas o hijos. No son capaces de ver los límites. Para ellas, control es sinónimo de seguridad, de algo inmanente que no cambia, y lo que no cambia es bueno porque les hace sentir bien. Lo complicado de esta dimensión es que suelen ejercer el control pensando que, con ello, hacen el bien y que así demuestran amor por los demás. “Yo te hago la vida fácil controlando tus cosas para que seas feliz”, “Yo solo quiero lo mejor para ti, y por ello evito que puedas equivocarte” …

El control llevado a cabo desde la justificación del cariño, es el peor acto de la sobreprotección. Impedimos con ello que los niños o las niñas sean autónomos, capaces y valientes. Y aún más, que aprendan de sus errores.

Frases que se repiten a diario en ese ambiente toxico de madre a hija o hijo: “Quiero que consigas lo que yo no tuve “, “No quiero que caigas en mis mismos errores”, “Quiero que llegues a ser aquello que yo no puede conseguir”. Que, si "cómo te atreves a hablar mal de tus padres", que, si "ellos te dieron la vida, eres un ingrato o ingrata", y demás monsergas. 

Te hacen sentir totalmente indefenso o indefensa desesperado porque parece que no haya escapatoria de la situación. No solo la estás sufriendo, es que encima ni la puedes comentar porque todos se te ponen en tu contra. ¡Es tu madre y le debes la vida! y ni se te ocurra volver a quejarte de alguno de tus padres. uf... es difícil, porque si tienes la autoestima baja, te sientes culpable por pensar así de tu madre... y no es pensar, simplemente darte cuenta de que es así. 

En ocasiones las madres tóxicas proyectan en sus hijos los deseos incumplidos de su propio pasado, sin preguntar si quiera qué es lo que ellos desean, sin darles opción a elegir, pensando que, con ello, les demuestran un amor incondicional, cuando en realidad, es un falso amor. 

Un amor interesado. Uno de los problemas de las personas tóxicas, saben mentir y fingir muy bien para quedar bien delante de otros y hacerte quedar a ti como la mala persona. Los roles se invierten y, a ojos de todo el mundo, el verdugo se convierte en víctima y viceversa. la madre toxica es siempre súper agradable y simpática con todo el mundo para caerles bien y tenerlos de su parte y luego ponerlos en contra de quienes le caían mal. Manipuladora nata, pura y dura.

Para enfrentarnos a una madre o a cualquier familiar “tóxico” es importante ser consciente de que debes romper el ciclo de la toxicidad. Has vivido durante mucho tiempo dentro de él, sabes las heridas que te ha dejado, sin embargo, ahora ya comprendes que necesitas abrir tus alas para ser tú mismo. 

Para ser feliz. Te va a costar, pero debes empezar a decir “No”, a poner en voz alta tus necesidades y a alzar tus propios muros, esos por los que nadie debe pasar, lamentablemente eso no sucedió... y llego la depresión y te preguntas y te respondes: ¿Es tu madre, o es tu familia, los quieres y sabes que romper ese ciclo de toxicidad puede causar algún daño...? 

En ocasiones, decir la verdad de lo que uno siente hace daño a los demás, pero es una necesidad vital. Se trata solo de marcar límites y dejar claro lo que permites o lo que no. No deseas causar daño alguno, debes dejarlo claro, al igual que debe quedar constancia de que tampoco tú quieres ser herido o herida nunca más.

Por qué fracaso, porque no supo reconocer la manipulación. Hay veces que es tan sutil, que no nos damos cuenta, así que la persona debía ser atenta a cualquier palabra, cualquier comportamiento. Y sobre todo, no caer en las redes de la “victimización”, puesto que es un recurso fácil al cual suelen recurrir las personas tóxicas y las madres tóxicas y eso es lo que sucedió...

Esta madre toxica se alzó como la más dolida, la más herida, cuando en realidad, al que han hecho daño fue a su hijo o hija y a las personas que de verdad le ofrecieron un amor incondicional. Lamentablemente no lo tuvo en cuenta y el daño fue irreparable y nunca la hija o el hijo pudo romper el ciclo de la toxicidad.

Patricio Varsariah.
Encuentra paz en el ahora. Sufrirás menos y vivirás más.